Te recordaremos por siempre
HERNÁN VILLEGAS RUIZ
1944

2025
Extrañándote Tata Hernán
Este sitio fue creado en memoria de nuestro querido esposo, padre y abuelo,
Hernán Villegas Ruiz, para que su recuerdo permanezca con nosotros por siempre.
Nacido en Chiloe
un 28 de diciembre de 1944
En una isla remota llamada Imelquiña comenzó su historia: el tercero de once hermanos, y con los años, el mayor de los que quedaron. La vida no tardó en ponerle pruebas duras. Siendo apenas un joven, tras la muerte de su padre, Luis Villegas, tuvo que convertirse en el pilar de su familia, haciéndose cargo de su madre y de sus hermanos con una entereza que lo acompañaría toda su vida.
A los 17 años dejó su tierra y emprendió rumbo a Punta Arenas, sin saber que ese lugar sería su hogar para siempre. Allí comenzó desde abajo, trabajando en la pesca junto a su tío. Luego cumplió con su servicio militar con responsabilidad y orgullo. Pero su mayor logro en esos años no fue solo salir adelante, sino lograr reunir nuevamente a su familia, llevando a su madre y hermanos a vivir con él. Más adelante encontró su camino en la marina mercante, donde trabajó con esfuerzo y dedicación hasta el final de su vida laboral.
A los 39 años, el destino le regaló un nuevo comienzo: conoció a Ingrid, el gran amor de su vida. Junto a ella, en abril de 1985, comenzó la hermosa aventura de formar una familia. De ese amor nacieron sus tres hijos: Miguel Ángel, Luis René y Hernán Eduardo, quienes se convirtieron en el centro de su mundo.
La vida volvió a ponerlo a prueba cuando, poco antes del nacimiento de su hijo menor, sufrió un infarto que casi le cuesta la vida. Pero siguió adelante, como siempre lo hizo: en silencio, con fuerza y sin rendirse. Años más tarde llegó la jubilación, y con ella una etapa distinta, donde pudo quedarse en casa, acompañar a sus hijos y verlos crecer, paso a paso.
En 1996, su relación de pareja con Ingrid llegó a su fin, pero nunca así su compromiso como padre. Porque si algo lo definía, era su lealtad inquebrantable hacia los suyos. Nunca dejó de estar presente, nunca dejó de cuidar, nunca dejó de ser ese apoyo firme y silencioso.
Su vida estuvo marcada por el amor a la familia. Cuidó de su madre, de sus hermanos, y por sobre todo de sus hijos, quienes fueron siempre su mayor orgullo. También tuvo que enfrentar despedidas dolorosas: su madre, tres de sus hermanos, primos y amigos partieron antes que él, dejando huellas que cargó con fortaleza.
Fue un hombre de pocas palabras, pero de gestos enormes. Siempre tenía un consejo justo, una mirada cálida, una forma sencilla de hacer sentir a los demás acompañados. Enseñó con el ejemplo que la mayor herencia no está en lo material, sino en la educación, en los valores, en la forma de enfrentar la vida. Y así, con esfuerzo y sacrificio, logró que sus tres hijos salieran adelante.
Quienes lo conocieron lo recuerdan por su amabilidad, su sencillez y su permanente buena disposición. También por su talento en la cocina, donde expresaba su cariño de una forma especial. Disfrutaba de las tardes de truco con sus compañeros del sindicato de jubilados de la marina mercante, lugar donde incluso llegó a ser dirigente, ganándose el respeto y el cariño de quienes compartieron con él.
Nunca olvidó sus raíces. Cada vez que pudo, volvió a su tierra natal, a reencontrarse con su historia, con su gente, con su origen.
Su corazón lo acompañó con dificultades durante muchos años, pero nunca fue un obstáculo para seguir adelante. Resistió, luchó y siguió presente, siempre. En diciembre de 2015 vivió con orgullo la titulación de su hijo Luis como ingeniero. En octubre de 2019 celebró profundamente ver a su hijo Miguel formar su propia familia junto a Yoana.
Y luego llegaron nuevas alegrías que iluminaron sus últimos años: sus nietos. En marzo de 2020 nació Cristóbal Hernán, y en marzo de 2022, Aurora Paz. Con ellos volvió a sonreír como un niño, disfrutando cada instante, cada abrazo, cada momento compartido.
Incluso cuando en junio de 2022 su corazón volvió a fallar, él siguió adelante. Porque así era: fuerte, resiliente, capaz de soportar el dolor sin quejarse, siempre pensando en los demás antes que en sí mismo.
Vivió lo suficiente para celebrar sus 80 años rodeado de su familia, de sus hijos y de sus nietos, que eran su mayor orgullo y alegría.
El 28 de abril de 2025 partió de este mundo, en silencio, mientras dormía, tal como vivió: con calma, sin hacer ruido, pero dejando una huella profunda e imborrable.
Se fue un hombre bueno. Un padre ejemplar. Un abuelo amoroso. Un ser humano que, sin grandes palabras, construyó una vida llena de sentido, de esfuerzo y de amor.
Y aunque ya no esté físicamente, su legado permanece en cada uno de los que lo amaron. Porque hay personas que no se van nunca del todo… viven para siempre en la memoria, en las enseñanzas y en el corazón de quienes tuvieron la dicha de conocerlas.
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